Despedida
El dibujante formó parte de «Fierrito», suplemento de humor que dirigía Diego Parés (Fierro 81, Julio 2013). También es recordado por sus publicaciones en la revista El tripero y en Editorial Mansalva. En el 2017 el sello Iván Rosado editó su libro Paseo.

Ayer partió hacia su universo recargado de luces de neón, horizontes desiertos y flores extrañas el artista tandilense, Marcelo Alzetta. Desde siempre su salud estuvo signada por una enfermedad que más que anularlo, lo propulsó a convertirse en lo que fue y en lo que ahora, más que nunca, será: un artista inigualable. Exótico y original, las intrincadas desembocaduras de su genio transitaron la ilustración, la pintura, la historieta expresionista y la música, donde llegó a ser un auténtico melómano.
Amante a ultranza de la cultura pop, sus pinturas recreaban el kitsch más intenso e inolvidable, ese mismo escenario circunstancial que poblaba los cuadros que adquirían, a mediados de los 70s y 80s, el común de la gente, embelesados por pinturas donde se destacaba el brillo diamantino de una lágrima, la sonrisa de un payaso o el esplendor acaramelado del ojo gigantesco de un niño. Los lienzos de Marcelo están llenos de eso, de pequineses, de payasos, de horizontes amanecidos o de atardeceres horizontales, de corazones sangrantes y azucarados, de gusanos, de tigres, de brillantina y de arco iris. Todo eso, que es tan lindo, atravesado por una sonrisa sarcástica y crítica del que ama y, a la vez, del que lo destruye todo para crear al