21 de mayo, 2022

Análisis de una publicación

Todo sobre MÁS ALLÁ

Vuelve a Fierro el notable investigador Carlos Altgelt. Luego de desentrañar los clones de las tapas de la revista más importante de Ciencia Ficción Argentina, ahora -que la colección completa se puede descarga y leer en la web- reincide para analizar número a número el desarrollo de la publicación donde escribieron autores como Oesteherld,  Capanna y Covarrubias. Aquí va la primera entrega. Y no dejes de leer sus artículos sobre las tapas acá mismo.

Todo sobre MÁS ALLÁ

«Más Allá es cuento y es novela…  Más Allá es emoción,

lógica, sentimiento, reflexión, ensueño, acción…  ¡Más Allá viene

del futuro y es la literatura que estaba esperando el presente!».

Más Allá No 1, Editorial,  junio 1953.

Más Allá debutó en los quioscos del país el lunes 1o de junio de 1953.  Anunciada durante semanas previas a su lanzamiento en las revistas de la Editorial Abril, su aparición tomó a gran cantidad de lectores totalmente por sorpresa.  Si bien ya habían existido revistas de ciencia ficción en nuestro país como Hombres del Futuro y Fantasía y Ciencia Ficción, ambas fueron de efímera existencia y pasaron prácticamente desapercibidas. Sin duda fue Más Allá la que rompió todos los moldes.

Según el filósofo y ensayista italo-argentino Pablo Capanna en su clásico El sentido de la ciencia ficción (1966), el nombre de la revista fue un homenaje a Más Allá, libro de cuentos fantásticos  del escritor uruguayo Horacio Quiroga publicado en 1935. Es sabido que «Más Allá» era una franquicia de la revista Galaxy Science Fiction fundada en Nueva York por Horace L. Gold tres años antes del lanzamiento de su par argentino.  De hecho, los cuatro cuentos cortos del primer número provienen de Galaxy. De acuerdo a la investigadora Rachel Haywood, en un estudio sobre la ciencia-ficción en América Latina, fue el propio Cesare Civita, director de la Editorial Abril, quien en octubre de 1952 hizo el contacto inicial con Robert Guinn, presidente de Galaxy Corporation para solicitarle los derechos de autor para publicar material de Galaxy en Argentina. Civita creía, acertadamente, que el mercado local consistía principalmente de lectores novatos de ciencia-ficción: «Debemos comenzar con material más fácil. Tan pronto como nuestra publicación demuestre que existe un interés sustancial por la ciencia-ficción, podré incluir material de mayor calidad y eventualmente basar casi todo en su revista».  («How Latin America Saved the World and Other Forgotten Futures», Universidad estatal de Iowa, julio 2016).

El que esto escribe jamás olvidará el impacto causado al ver la portada del primer número en el revistero de la esquina.  Alertado ya de su inminente aparición por los avisos en Misterix, anuncios en blanco y negro dicho sea de paso, jamás esperó esta explosión de chillantes colores primarios. Las estelas en rojo, azul y amarillo perdurarán para siempre grabadas en su memoria así como probablemente en la de todos los seguidores de la revista: los “masalleros". El autor de la portada era Salva, apodo de Salvador Schiffer, director artístico de la revista y un largo colaborador de la editorial. No cabe  duda que a través de los años las portadas de Más Allá contribuyeron a su éxito. 

Es interesante especular que esta icónica tapa haya sido inspirada por la del veterano ilustrador de ciencia-ficción  Malcolm H. Smith publicada tres años antes en la revista Other Worlds (abajo).

Su primer ejemplar se ha convertido en un ítem de antología. La revista contiene cuatro cuentos cortos entre ellos la primera traducción al castellano de una historia de Philip K. Dick, la novela El día de los trífidos de John Wyndham y el comienzo de una larga serie científica ampliamente ilustrada sobre la conquista del espacio sideral. Tres de los cinco relatos acontecen en una Tierra post apocalíptica. De ellos nos ocuparemos en este artículo. Las 184 páginas de ese número inicial nunca se repitieron ya que al mes siguiente se redujeron a 168 pero aparentemente ningún lector se quejó o percibió el cambio. Desde el vamos, el editor anónimo de la revista —que se sospecha era en sus comienzos nada menos que Héctor Germán Oesterheld— se mostró interesado en saber la opinión de sus lectores.

«Más Allá contestará por escrito a todas las preguntas de sus lectores sobre cualquier tema científico». Y, del dicho al hecho, en el segundo número apareció una sección titulada «Contestando a los lectores». Se cree que la persona que se encargaba de la misma era el científico Mario Bunge que a la sazón tenía 33 años y recientemente doctorado en física y matemáticas en la Universidad Nacional de La Plata. La oferta fue recibida con tal entusiasmo que el inesperado aluvión de cartas los tomó por sorpresa: el editor tuvo que admitir que sólo podrían responder a un puñado de ellas.

A esta sección la siguieron dos de intercambio directo e indirecto con los lectores:  La primera, a partir del número 3, se llamaba «Espaciotest» donde un anónimo redactor, presumiblemente el epistemólogo argentino Oscar Varsavsky, planteaba cuestionarios multiple choice de seis a ocho preguntas a los lectores cuyas respuestas aparecían hacia el final de la revista.  En el número 17 comenzó una sección de correspondencia titulada «Proyectiles dirigidos» que publicaba entusiastas cartas de los lectores donde, en ocasiones, el editor agregaba su comentario.  Probablemente el título de esta sección fue inspirado por el de la revista británica Authentic Science Fiction —de cuyas ediciones se reimprimieron 23 cuentos— cuya sección correspondiente se llamaba «Projectiles».

De los cinco números iniciales, sin duda la mayoría eran relatos originados en Galaxy: 21 de 29. El resto fueron de otras pulps estadounidenses, con preponderancia de Astounding y dos locales, uno de Héctor G. Oesterheld con el seudónimo Héctor Sánchez Puyol y el otro de un ignoto Juan Fernández. Además, en este primer número también predominaban los relatos de ficción sobre los artículos de divulgación científica. Con el tiempo, estos últimos compitieron de igual a igual con los relatos de ficción. 

A lo largo de su exitosa trayectoria se publicaron 19 novelas, 31 novelles y 191 cuentos cortos, en su gran mayoría de autores anglosajones salpicada de vez en cuando por escritores nacionales, como Capanna, Oesterheld y Covarrubias. De los extranjeros se destaca el ABC del género, esto es, Isaac Asimov, Ray Bradbury y Arthur C. Clarke.

Su vida fue lamentablemente corta. La tristeza de su desaparición, enorme. En el número 48, exactamente cuatro años después de su debut, el editor anuncia el cese de su publicación debido a que sus lectores eran miembros de una «élite relativamente restringida» —los que hoy nos consideramos masalleros. Otras revistas del género la siguieron, todas de fugaz duración.  Primero Urania (2 números), seguida por Minotauro (12), Géminis (2), Parsec (6), La Revista de Ciencia Ficción y Fantasía (3) y El Péndulo (19).

Dado el impacto que tuvo en sus lectores la novela El día de los trífidos, comenzaremos nuestro repaso con la misma.

Continuará...

 

Carlos Altgelt

Carlos Altgelt

Escritor, coleccionista y especialista en historietas

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