17 de noviembre, 2021

Series de Fierro

Nuevo libro de Series de Fierro

Nuevo libro de Series de Fierro

En 1958 el genial Enrique Lipssic publicó el libro El dibujo a través del temperamento de 150 famosos artistas. Una especie de biblia cifrada que recorría la vida y muchos secretos de los dibujantes de aquel período, cuyo abecedario empezaba en Albistur y terminaba en Zoppi. 

Lo que destaco del título es el sustantivo que nuclea a esos 150 artistas: temperamento. O sea, sus mañas y manías. Lipssic, uno de los mejores editores que jamás habitó este ingrato país, supo que las mejores enseñanzas son las que se guardan en el recetario privado. El temperamento era, por lo tanto, el reservorio de esos misterios. 

Sesenta y tres años después, pandemia y Apocalipsis mediante, Fierro emula la fórmula con Gustavo Sala y el resultado fue, más bien, un enigma alquímico. No quiero decir con lo anterior que estamos frente a la piedra filosofal del arte historietistico y que el que el autor de Bife angosto nos ha revelado el secreto universal del dibujo, sino más bien todo lo que sobra cuando se gesta una obra. Lo que las buenas costumbres y, muchas veces, la buena fortuna, nos ahorra de ver. Cabeza de dibujante no es una lección de dibujo; es una puerta abierta a la desesperación frente al tablero. A las sensaciones, flaccideces, contorsiones, destellos y carambolas que el dibujante, enfundado en sus pieles de artista, debe enarbolar para atontar, impresionar o embelesar a sus lectores. 

El propio autor, Gustavo Sala, nos confiesa: «Cuando recibí la propuesta de Fierro Web de hacer una serie semanal. Se me ocurrió jugar con el universo propio de los que dibujamos historietas y los padecimientos a los que nos sometemos cuando tenemos que pensar ideas durante horas, durante días e, incluso, durante años, para llegar, la mayoría de los casos, a resultados lamentables. Así que un poco siguiendo la saga de la literatura del yo, de la literatura autobiográfica o de los tópicos de la propia profesión empecé a pensar en diseños autoconclusivos de una página, pero con la idea de conformar una trama de situaciones un poco jugando con los absurdos y con los lugares comunes de los que producimos historietas. Y Cabeza de dibujante tiene que ver con esto de pensar y de estar muchas horas dándole vueltas a una idea. Diré que usé Cabeza de dibujante como terapia semanal. Para usar como tema de cada historieta las penurias del dibujante, las dificultades económicas. Donde por un lado, tenemos un laburo increíble en lo creativo, donde podemos trabajar con la imaginación; y por el otro lado un panorama difícil para básicamente pagar un alquiler o comprar un paquete de fideos dibujando personajes en cuadritos. Así que Cabeza de dibujante fue un lugar para volcar inquietudes, pensamientos, alegrías, tristezas, reflexiones alrededor del mundo de la historieta y la imaginación».

Crudas, brutales, tiernas y desesperadas son las páginas de Sala donde nos revela las bambalinas y miserias de la autoedición, los padecimientos de las convenciones, los mangazos del lector fanático, la falta de inspiración, el sueldo magrísimo (y eso que Fierro paga muy bien), los talleres, la creación y el robo.

En sesenta y cuatro páginas, Sala elucubra y descorre el velo de la intimidad artística del dibujante. Ese adefesio que expone sus secretos en podcast caseros, convenciones y redes sociales. 
Gustavo, con su tino, locura y genio, lo consiguió con más estilo, pero, sobre todo, con muchísimo más temperamento


 

Pepe Muñoz

Pepe Muñoz

Escritor y periodista especializado en cultura popular.

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